martes, 2 de septiembre de 2008

ECOFASCISMO

A contrapelo del habitual discurso pro medio ambiente, el ensayista Jorge Orduna desarrolla en su libro "Ecofascismo" una posición crítica sobre el rol de las organizaciones ecologistas internacionales y el peligro que implicarían para la soberanía nacional de los países emergentes. Me pareció que sus posiciones tienen una tremenda actualidad e importancia en nuestro país y por eso les hice un resumen que sin duda se presta a la polémica:

El movimiento “ecologista” es, indudablemente, un proceso internacional histórico de gran envergadura. Pocos temas tienen el grado de presencia e instalación en la opinión pública mundial como los ambientales. Tampoco es posible ya dudar del interés y los recursos que ciertos sectores de esa globalización, en la que abundan los convidados de piedra, depositan en promover cierta cultura ambiental.
Es pues hora de preguntarse por el verdadero carácter de este movimiento internacional histórico y cuál es su significado para los diferentes países: comprender verdaderamente la realidad de instituciones como las grandes ecologistas es un asunto complejo. Principalmente porque estas entidades han empleado y emplean, desde sus orígenes, un buen porcentaje de sus energías y su dinero en la promoción de una imagen de sí mismas; en el marketing de su producto. Y gracias a las empresas de relaciones públicas y publicidad que contratan, han tenido mucho éxito en ese trabajo.

La imagen que han promovido es… justamente la que de ellas tenemos. Gente joven, altruista, libre. Que defendiendo las maravillas naturales de la creación lucha cual pequeño David contra ese Goliat que es tan fácil odiar: la máquina despiadada de un progreso que no repara en destrucción alguna con tal de satisfacer la codicia, las ansias de poder y la ambición humanas.
A favor de las ballenas y contra la energía atómica; defendiendo a la foca bebé y oponiéndose a las impías quillas de la flota pesquera. Jóvenes, buenos y valientes, los ecologistas; de vida deportiva y aire libre empleando lo mejor de sus energías en defender a los animales y la vida silvestre de la contaminación generada por las grandes ciudades, por el hombre.
La fórmula central ecologista es: “Más población equivale a más contaminación”. Para ambos resulta conveniente y necesario ir “protegiendo” y “reservando” áreas; generar tratados internacionales que necesariamente recortarán las soberanías nacionales; regiones enteras pueden ir pasando bajo control “internacional”, deben ser reconocidas como patrimonio de una humanidad que no todas las partes involucradas entienden de la misma manera. Así pues, un mismo “enemigo”, el crecimiento poblacional y la industrialización, es el factor que vuelve complementarios dos conjuntos de ideas: Antipoblación y Conservacionismo Natural.

Inmediatamente percibimos la correspondencia entre estos discursos y los intereses de las potencias que los promueven; pero es más difícil encontrar que esos dos temas ocupen el mismo lugar en la jerarquía de intereses geopolíticos de las naciones del Sur. No es fácil para estos pueblos resignarse a aceptar que el desarrollo no es ya su máxima prioridad; que la voluntad de obtener independencia en base a industria e investigación, ciencia y tecnología, tendrá que ser relegada al repleto desván de sus aspiraciones frustradas.
No es fácil lograr que en los Estados dependientes se acepten ideas antidesarrollo, antiindustriales y menos aún antipoblacionales en países como Argentina, al que sus habitantes perciben como una nación que debe ser poblada para tirar plenamente partido de la magnitud de sus recursos y su territorio, y donde la expresión “poblar la Patagonia” forma parte de los lugares comunes de la cultura nacional y hasta de la Constitución.

“La eliminación de la fauna salvaje y el control de la selva natural son un prerrequisito de la agricultura. Esto pasó en Europa y gracias a eso no hay osos que se comen a los niños, ni escorpiones que los piquen a las puertas de un rancho -opinó-. Ellos se desarrollaron sobre esa base. Y ahora a los países del Tercer Mundo nos pasan la receta que no hay que controlar la naturaleza". "Lo que dicen las organizaciones ecologistas se contradice con lo que dicen la mayoría de las asociaciones científicas, que no tienen ese presencia mediática masiva. Así nace el prejuicio de que hay que conservar todo, quien afecte la naturaleza está provocando un daño", subraya Orduna.
"El mundo se mueve ligado a la visión de los medios, y la presencia de la ecología es tan abrumadora y tan parcializada...", dijo Orduna, y puntualizó: "No estoy en contra de una actitud ecológica, pero no hay en la Argentina una mirada crítica sobre determinadas cuestiones que son centro de un debate en otros países, incluso entre las mismas organizaciones ambientales".

"¿Qué sería de la Argentina si sólo fuera un gran jardín, lleno de ñandúes y guanacos paseando de un lado a otro? Para el ensayista, "estas organizaciones pretenden que el indígena se mantenga puro: 'usted consérvese con el arco y la flecha, que no contamina y consuma nada más lo que necesita, ¿para qué quiere una radio?, ¿para qué quiere energía?' ".Para el desarrollo -sostiene Orduna- "es necesario que la población crezca, lo que hay que ver es de qué manera se hace. Una cosa es encontrar como resistencia una visión argentina, científica del problema. Y otra tener como oposición una visión externa a lo que son nuestros problemas". "No estoy en contra de las organizaciones ecologistas nacionales e independientes, pero sí de las redes internacionales de información ecologista que ya vienen con una manipulación ideológica", reiteró.

El principal “enemigo” y la principal “amenaza” a la “prístina” pureza natural son los “comunes”, los campesinos, el “bajo pueblo”, la “plebe” y, más adelante, a medida que la necesidad de recursos aumentaba junto con la expansión industrial y comercial, los pueblos “incivilizados” del Tercer Mundo, conjunto en el que son incluidas sus empresas de capital nacional y las estatales. Hasta los años ochenta del siglo XX el personal de las oficinas y la plana mayor de la ecología africana lo integraban casi exclusivamente blancos europeos.
La opinión, incluso de calificados africanos, no ha sido tenida en cuenta. La percepción en los sectores dominantes del Norte respecto de las áreas protegidas en el Sur es la de territorios que hay que salvar de la bárbara depredación por parte de pueblos cuyos Estados por algo figuran en los primeros puestos de corrupción del planeta. Territorios que también debe protegerse de la “explosión” poblacional “incontrolada”, la “explosión” cuantitativa de inútiles consumidores y despilfarradores de recursos mal administrados. Territorios que las ex metrópolis coloniales nunca se resignaron a perder y que, con bastante razón por cierto, nunca consideraron auténticamente independientes. En las grandes potencias industriales, poderosos sectores consideran que los recursos situados en el Tercer Mundo deben pasar a “control internacional”, a manos de quienes realmente están capacitados para hacer un uso eficiente, racional y “sustentable” de estos recursos. Los Estados corruptos no son fiables.
Por lo demás, esta ideología colonial, históricamente emparentada con el racismo y el genocidio, está relacionada con las más poderosas instituciones conservacionistas y ecologistas mundiales, desde sus orígenes y a lo largo de su desarrollo, hasta el presente.

Para Orduna la cuestión del ecologismo es “un paradigma del signo de los tiempos: la implementación reaccionaria de causas aparentemente progresistas”
¿les suena?



Me acordé del abogado que cruzó el bloqueo de Gualeguaychú: quien calificó de fascistas a los integrantes de la Asamblea Ambiental señalándolos como “extraños ecologistas que protestan contra la contaminación atribuida a las papeleras, pero al mismo tiempo apoyan a los sojeros que están envenenando la tierra y al personal que la trabaja”. Así se refirió a los fuertes vínculos que existirían entre la asamblea y las entidades de productores rurales de Entre Ríos.

Al respeto les dejo una investigación extraordinaria que realizó para TELEFÉ el programa LA LIGA sobre la soja transgénica:
Parte 1:



Parte 2:


Parte 3:


Parte 4: Acá está imperdible la nota al ecofascista De Angeli:

4 comentarios:

Fernando Cassia dijo...

Hmmmm no sé. No me gusta el término "Ecofascismo" me suena a esas etiquetas que cuelga la derecha en países como España a todo los que afecta los derechos de los dueños de la tierra de hacer tierra arrasada en nombre de la ganancia personal.

"Ecofascismo" me suena al termino que usa Artemio "Ladriprogresismo" que empieza como una crítica al progresismo tibio y después es tomado por la derecha como etiqueta para pegarsela a todo lo que no sea ultraliberal. ej: ver en un blo que dice "Kirchner y los ladriprogresistas" etc.

Punto número uno.

Punto número dos: yo tenía muchas dudas sobre Greenpeace. Hasta me llegué a preguntar "por qué tanto quilombo con las ballenas y no hacen nada por el riachuelo" etc.

Después un día alguien me explicó (y aclaro que no soy biólogo :) que en realidad la lucha por las ballenas no es algo teórico o místico para defender a un simpático animalito que les cayó en gracia, sino que las ballenas son parte del ecosistema marino y que si desaparecen se puede afectar el equilibrio del ecosistema marino, ya por sí en peligro.

Traducción: no cuidan a las ballenas porque le gusta el animalito sino porque si matan a todas las ballenas un día puede no haber pejerrey ni merluza.

Punto número tres: si, fué impresentable lo de De Angeli.

Punto número cuatro: soy colaborador de Greenpeace, porque aunque esté no muy de acuerdo con muchos aspectos, creo que hay otras movidas que son importantes, a saber:

1. Oponerse al uso de los biocombustibles si esto implica deforestacion para sembrar soja y hacer biodiésel, con el impacto seguro en los precios de los alimentos. (O como decia NK "defender la mesa de los argentinos")

2. Promover el cambio a lámparas de bajo consumo (acompañando la movida de CFK por el ahorro energético en la administración pública)

3. La movida de Greenpeace a favor de la clasificación y recolección diferenciada de basura en la Ciudad de Bs.As. ("Ley de Basura Cero").

Punto número cinco: estoy a favor de poner límite a la población. Creo que es labor del Estado fomentar la idea de que no se puede traer hijos al mundo si uno está en una pésima situación económica y no tendrá como mantenerlos.

Si al tercer hijo estas en una situación precaria y tenés cuatro, cinco, seis, siete hijos, el tema no es "Dios proveerá" sino que esta siendo una carga para el resto de la comunidad donde vivís y el Estado ya incumplió su deber de EDUCAR a esa gente sobre los métodos anticonceptivos disponibles.

Hace un tiempo tuvimos un interesante intercambio de opiniones con mi jefe inglés.

El como todo inglés defendía e idealiza la sociedad de la India. yo le decía que son una bomba de tiempo que en algún momento va a estallar porque no puede seguir creciendo geométricamente la población sin causar una crisis de los recursos naturales, agua, alimentación, salud, epidemias, etc.

Yo defendía la posición del gobierno comunista Chino y su política de control de la natalidad.

La respuesta de mi jefe fué: "Si pero China no es una democia". Lo cual me resultó irónico. Se defiende la libertad para que cada uno haga lo que quiera y después colectivamente nos vayamos, todos juntos, al c*rajo?

Una semana después pasan un informe de la BBC sobre la vida en la China moderna. Un padre explica: "al tener un sólo hijo, le damos más atención, ese hijo va a la mejor escuela, tiene todo lo que necesita, le pretamos mas atención".

Un psicólogo inglés que vive en China dice: "y a su ese único hijo, al ser hijo único o a la sumo tener un sólo hermano o hermana, va a tratar de ser un muy buen hijo, porque sabe que los padres quedarán algún día a su cargo".

Me dije "una tremenda tapa a la posición de mi jefe". :)

La posición de el era: "al tener tantos hijos los padres tienen más oportunidades de que algún hijo le vaya bien y los saque de la miseria".

Si pero ¿A que costo? ¿Llenar el planeta de seres que después hay que alimentar, vestir, darles vivienda, calles, transporte?

No sé... yo me quedo con el modelo Chino.

¿Da para largo no?

Bueno, decime si por ahi malinterpreté el texto. Lo leí muy por arriba y con lo de ecofascismo me broté... pensé que estabas abonando la teoría de que todo ecologismo es mentiroso, chanta o malintencionado/digitado por oscuros intereses...

Como en todo Aldo, hay grises...

Fijate lo que escribí por acá sobre una asociación cuasi-"anti-ecologista" (para homenajear Cristina con lo de mensaje cuasi-mafioso ;) denominada FAEC


FC

Aldo Ulises Jarma dijo...

Por tu sólo comentario Fernando, te diría que mi post cumplió su objetivo: provocar intelectualmente.
Me gusta tu última frase: como en todo, hay grises.
Y sin duda resulta aplicable a la ecología:
1) Que hay ecofascistas, los hay. 2) Que hay ecologistas comprometidos con la sostenibilidad auténtica y al mismo tiempo con la industrialización (tu prédica por el valor agregado) de nuestros países cagados, los hay.
3) Que hay ecohipócritas que denuncian las papeleras uruguayas y aplauden los pesticidas y la pérdida paulatina de nutrientes de la tierra por la soja transgénica, los hay.
Pero lo que no se puede dejar que siga pasando, a mi modesto criterio (aunque tengo un Master en Gestión Medio Ambiental), es que exista una sola mirada romántica y acritica de las posiciones de las organizaciones internacionales ecologistas, que, por lo demás, muchas veces comparto.
Un abrazo.
P.D.: yo también quiero que SALVEN A LAS BALLENAS.

Gustavo dijo...

Estoy en todo de acuerdo con tu comentario Aldo, si bien la etiqueta ecofascismo no me gusta hay datos muy preocupantes mencionados en el libro especialmente que recibe Greenpeace recibe fondos entre otros de Ted Turner=CNN.
Como en todo seguramente en Greenpeace hay gente con buenos objetivos y buenas prácticas pero no me gusta una organización que se dedica más a protestar que construir.
En estos momentos tienen una campaña en la cual ofrecen fondos para realizar camnpañas de protestas ( dan como ejemplos la del vial costero de Vicente Lopez, y la de los glaciares) pero nada dicen de construir de manera sustentable, no los veo incorporar los planteos de las comunidades originarias, ni promover financiamiento para desarrollar tecnologías que aporten al cuidado del ambiente.

Anónimo dijo...

"eco" que?...si mal no lei sos tucumano?xq antes de titular a los asambleistas de "eco fascistas" no te fijas lo 100% de contaminacion que tenes en los rios de tu provincia?sos un ignorante de primera, y tenes titulo de que?seguro jugas al abogado diciendo estas cosas cuando mas de 50.000 personas dijeron NO a la contaminacion del Rio Uruguay.si no te importa, solo ignora la causa como ya lo haces y a la gente que siente el rio como la fuente de vida que realemte es, y si te importa en alguna medida la vida de los que viene, que poco creo, informate y volve a la facultad a aprender etica,abogado...