lunes, 19 de octubre de 2009

Y el lobo sopló y sopló...


Parece que es cierto nomás: se recupera la economía. Pruebas: hay mucho garca suelto hablando de nuevo del “viento de cola”.

Lo pone clarito Alfredo Zaiat en esta nota:

“La superficialidad en los análisis dominantes, como resumir todo a la orientación del viento, es el mejor terreno para que se mueva la administración kirchnerista. Así puede eludir el debate sobre debilidades estructurales de la economía, como la concentración industrial, el aumento de precios por el ejercicio de posición dominante de grandes empresas, la estructura regresiva del sistema tributario, la dificultad de disminuir la pobreza al ritmo del crecimiento de la economía y las restricciones para la alteración de la inequitativa matriz distributiva. Lo que también es cierto es que a la corriente conservadora no le interesa avanzar en esas cuestiones porque pondría en riesgo sus privilegios. Entonces apuntan sus críticas a aspectos fiscales o financieros que son, precisamente, los frentes más sólidos del actual proceso dentro de la concepción ortodoxa de la economía. Dentro de esa propia trama discursiva en que cayeron, esos analistas indican que se crece o se ingresa en una fase recesiva por “el viento de cola” o por “el viento de frente”, para brindar un mensaje de la inexistencia de firmes bases de la macroeconomía doméstica. Pero quedan descolocados cuando la caída de la economía no es tan pronunciada en el período de la peor crisis global desde la depresión de la década del ’30, y también cuando el crecimiento es más rápido e intenso en el momento de la recuperación. Esto revelaría que en ese esquema de análisis el trimado de velas ha sido bastante adecuado en estos años.

El economista Daniel Heymann señaló, en un evento realizado en la Facultad de Ciencias Económicas, que en términos generales las políticas que se tomaron en América latina definieron condiciones para soportar mejor la crisis. “La adecuada adopción de estrategias contracíclicas permite que la recuperación económica ya haya comenzado”, afirmó. Esto es: para aprovechar el viento de cola, la vela tiene que estar bien desplegada porque en caso contrario la embarcación no avanzaría”

Y es que, como señala Mario Wainfeld por acá, muchos pronósticos concuerdan:

el 2010 puede ser un año de recuperación económica. El consultor Miguel Bein, usualmente afiatado en sus juicios y sus vaticinios, escribe que se “podrá extender el escenario K de crecimiento con inflación, sin necesidad de avanzar con la agenda larga para iniciar el viaje al desarrollo”. Y predice que “ésta será la primera transición política en décadas sin la espada de Damocles de la devaluación, el default o la híper”. El plazo largo, la calidad de la inversión, las políticas contracíclicas quedarán en manos del futuro gobierno. Bein estima un 4,2 por ciento de crecimiento del PBI en su “escenario pesimista”, si no se abre paso al financiamiento externo.

Mario Blejer, otro economista que no comulga con el Gobierno pero que no profetiza el Apocalipsis, piensa en términos parecidos. Y supone que, si se reanudan las relaciones con el FMI y se reabre el canje de deuda, hay amplias posibilidades de financiamiento externo y también de inversión en la economía real… El escenario expresado en términos profanos por el cronista, podría ser un año de crecimiento del PBI, gasto público intenso, una inflación del orden del quince por ciento, quizá superada por los acuerdos en paritarias, alguna recuperación de los niveles de empleo y poco impacto en la pobreza, si no median políticas específicas y amplias”

Usted me dirá: ¿Y si Argentina gana el mundial de Sudáfrica?

Ningún gurú de la city lo evalúa aun, pero a primera vista traería dos consecuencias:

1) Nadie, pero nadie, se opondría a ponerle un chaleco de fuerza a Lilita Carrió.

2) El “gran filósofo” argentino Diego Armando Maradona tendría la última palabra (o gesto).

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