viernes, 5 de abril de 2013

CUANDO LAS AGUAS BAJAN TURBIAS


A los pocos días de la elección del Papa Francisco sostuve en mi blog:

Una oposición política y mediática que, lentamente, comienza a virar del éxtasis a la indignación moral, por tener que asistir, una vez más, al "desparpajo" peronista de adjudicarse como "propio" al hasta ayer opositor cardenal Bergoglio. Todo muy republicano.
La oposición no logra articular un discurso ni una estrategia clara para obtener beneficios electorales del Papa Francisco, el que hace gala, como es lógico, de tener su propia agenda. Muy probablemente el bloque opositor político-mediático ingrese en unos pocos días en el desconcierto como ya se vislumbra en esta nota de Ricardo Kirschbaum en Clarín: "La indecorosa sobreactuación". Todo muy republicano.

Hoy, dos semanas más tarde, advierte Fernández Díaz en La Nación:


"Ahí vamos: la nominación del papa argentino, acontecimiento fundante si los hay, fue el test perfecto para calibrar el comportamiento y la pericia de las fuerzas locales en pugna. Y el resultado fue notorio: el kirchnerismo tuvo reflejos , velocidad, cinismo, fortaleza y contundencia, logró girar en el aire dejando un desparramo a su alrededor y consiguió apoderarse impúdicamente de Jorge Bergoglio, su enconado crítico, con el simple método de abrazarlo por la cintura. Gracias a su instinto salvaje, acaso con un cierto fuego sagrado que se tiene o no se tiene en política y en cualquier otra disciplina, logró que las diferencias quedaran de pronto borradas. Quince días después, casi ningún sector popular cree que el papa Francisco y la presidenta Cristina Kirchner sean realmente enemigos.
La oposición, que está plagada de almas bellas y verbales, tiene varios dirigentes que muy bien podrían postularse como los representantes nacionales de "la ideología Francisco". Todos ellos se quedaron con la boca abierta viendo cómo la dama de negro viraba, les quitaba protagonismo y ocupaba una vez más el centro de la escena. Mauricio Macri debió ser rescatado de la multitud anónima por un allegado del Papa para lograr una mera foto de cabotaje. Los demás dirigentes vernáculos que frecuentaban a Bergoglio y bebían de sus consejos, se quedaron en Buenos Aires a mirar el espectáculo por televisión. Ni se les ocurrió hacer el esfuerzo de abrirse paso a los codazos en la Plaza San Pedro para ganar la tapa de las revistas y de los diarios del mundo. Eso les parece marketing repugnante, oportunismo inconducente, demagogia sacrílega y otros apelativos igualmente morales con los que arroparse para seguir durmiendo la siesta"
Hoy, lo sé perfectamente, el tema es otro: la tragedia de una inundación que golpea a La Plata y la Ciudad de Buenos Aires. O lo que es lo mismo: un evento que genera dolor por la pérdida de  vidas y miles de damnificados que, de golpe, se encuentran sin nada, es lógico que enlode a Macri, Scioli y Bruera y que se exija respuestas al gobierno nacional. Una situación muy complicada que, inevitablemente, conlleva el pase de facturas cruzado. Algo que, por cierto, poco interesa a los damnificados.
En ese sentido, la Presidenta Cristina volvió a tener el temple y los reflejos intactos cuando fue a poner la cara en los lugares inundados. Lucas Carrasco lo contó muy bien.
No fue el caso de la militancia twitera oficialista, cada vez más desenfocada por la obsesión (digna de mejor causa) de la opinión instantánea cuando todavía no transcurrió el tiempo necesario para elaborar un diagnóstico adecuado. No les alcanzó con estrellarse con el Papa Francisco. Ahora perdieron de vista lo obvio: lo importante era estar junto a las víctimas y damnificados de las inundaciones, no tratar de dejar pegado al impresentable Macri de movida.
Y es que en política no siempre es primordial el ataque al adversario, hay que tener también sentido de la oportunidad y manejo de los tiempos.
Y en esta coyuntura, lo único que sirve es meterse al barro y estar con los damnificados. Lo otro resta. Cristina lo entendió así rápidamente y todo indica que bajó línea en ese sentido. Es lo que me permite ser optimista.
Y si la oposición cree, como siempre, que ladrando en TN conseguirá usufructuar esta tragedia, terminará ladrando a la luna como siempre.
Se los advierte hoy Fernández Díaz en La Nación:
"Los opositores deberían pensar seriamente en este hecho decisivo: no se puede ser una opción real del poder sin trabajar de manera sistemática en el barro"
Tal cual. La batalla, más que nunca, hoy se gana allí.