Impresionante. Terrible post de Lucas Carrasco dedicado a Hank Soriano.
No debe faltar tanto, supongo, para que varias editoriales se aviven que Lucas es un escritor de la puta madre.
A Roberto Arlt (que me encanta) lo subieron oportunamente a un pedestal porteño por bastante menos.
Les dejo un fragmento:
"A veces, también se me ocurre, bueno, se me ocurren tantas cosas, pero, a veces, pienso que esa narrativa que se aloja en los hoteles de la culpa, en esos hoteluchos que tenemos dentro del alma, como al costado de la larga ruta nocturna en donde transcurrimos la vida, que en esos hoteles quedan cosas, guardadas, olvidadas, y se apaga, en la ventana del hotel, la luz a la distancia. Y sin embargo. Siguen ahí. En la oscuridad. Haciendo vaya uno a saber qué, pero siguen ahí. A veces se me ocurre que esa narrativa es falsa, que me poblé, como la panamericana, de hoteles de cuarta, de cuartos de culpa, y que en realidad el trayecto estuvo empujado, conducido por fuerzas que ni ahora logro entender. Y que no fui yo el que jodía, sino que me jodieron. Me tomaron el pelo. Que los signos, la balaustrada en la cabeza, de la edad, marcan esas marcas, como juegos de palabras, solamente, me da mucha desesperanza ya no confiar en las palabras. Necesito volver a herirme para retomar la confianza en las palabras. ¿O no son, acaso, las palabras las que hieren? Un te quiero a la hora del té, un te amo dicho en la brisa, un adiós en la terraza, un lamento de querer dejar de recordar garantiza la fuerza inconmensurable del lamento y qué carajo es en el fondo pero también en la superficie el recuerdo que se quiere olvidar sino una pila de palabras dichas o hartamente dichas en el lugar correcto y en el preciso momento donde los tribunales de todo el mundo van a juzgar delitos y pasar por el filtro de la indiferencia las palabras dichas que tanto me duele, Pájaro azul. Volverse a herir. Saberse uno provocador de esas heridas que van, con los años, haciéndote duro, haciéndote calvo, haciéndote un poco pelotudo.
Me cansa mi demagogia, mi histeria, mi falta de precisión. Mi incapacidad para definir las palabras. Los juegos que hago. Lo que me harto. Volver a herirse para recordar que lo que más nos hiere son las palabras. Y volver, así, a creer en las palabras"
Vayan y lean completo el texto. No tiene desperdicio.













